16VIE

Santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires. (MO).
1Cor 15, 12-20; Sal 16, 1. 6-8.15.

Evangelio según San Lucas 8, 1-3

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido sanadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Las batallas de siempre

No dejes de luchar las batallas de siempre, de empujar esa piedra que no alcanza la cima y se vuelve, implacable, hasta una herida viva, hasta un dolor anclado en tu pozo más hondo.

No pares de pelear, aunque a ratos el ansia de vivir se te apague, y el amor te parezca una palabra hueca, una promesa esquiva que otros llevan con gracia, pero a ti se te niega.

No sucumbas al monstruo atrapado en tu espejo, ese juez ojeroso que con voz implacable te repite palabras de fracaso y tristeza. No le des el poder de trancarte la puerta. No bajes la cabeza, no cedas, no te rindas, aunque un río de lágrimas deje surco en tu rostro. No mueras, no sucumbas a la voz pesarosa que estrangula los sueños profetizando tumbas.

¿Acaso no descubres que está inscrita en tu entraña la huella de una risa que acalla los tormentos? ¿Es que no has encontrado el tesoro escondido? ¿Eres ciego a la luz que te estalla por dentro?

Levanta la mirada, ventana hacia otro mundo habitado por hombres que dibujan victorias, asómate a sus días, siente su resistencia que hace frente a los miedos, que adivina salidas.

José Marría Rodriguez Olaizola, SJ.