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San Roberto Belarmino,  obispo y doctor de la Iglesia. (ML).
1Cor 15, 35-38. 42-49; Sal 55, 10-14.

Evangelio según San Lucas 8, 4-15

Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola: “El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y éstas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno”. Y una vez que dijo esto, exclamó: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”. Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender. La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios. Lo que está al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Lo que está sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen, pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás. Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia”.

Mi amistad procuras

«¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,que a mi puerta cubierto de rocío pasas las noches del invierno oscuras? ¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras pues no te abría! ¡Qué extraño desvarío si de mi ingratitud el hielo frío secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el Angel me decía: -Alma, asómate agora a la ventana,verás con cuánto amor llamar porfía!- ¡Y cuántas, hermosura soberana, -Mañana le abriremos-, respondía, para lo mismo responder mañana!»

Lope de Vega.